El café es, sin duda, una de las bebidas más consumidas en el mundo. Cada mañana, millones de personas recurren a él en busca de ese impulso de energía y concentración que tanto aprecian. Sin embargo, detrás de esa taza humeante se desarrolla una compleja cadena de reacciones bioquímicas que involucran al sistema endocrino, y en particular a una hormona central en la respuesta al estrés: el cortisol. La cafeína —compuesto psicoactivo principal del café— no solo despierta la mente. También activa, de manera documentada y mensurable, el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHS), desencadenando una elevación en los niveles circulantes de cortisol. Esta relación, ampliamente respaldada por la literatura científica, es el objeto de análisis del presente artículo. ¿Qué es el cortisol y por qué importa? El cortisol es un glucocorticoide producido por la corteza suprarrenal en respuesta a señales del eje HHS. Su función es preparar al organismo para enfrentar situaciones de demanda energética o estrés: moviliza glucosa, suprime procesos no esenciales en el corto plazo (como la digestión o la reproducción) y modula la respuesta inflamatoria. En condiciones normales, sus niveles siguen un ritmo circadiano bien definido: alcanzan su pico máximo poco después del despertar —fenómeno conocido como Cortisol Awakening Response (CAR)— y descienden de manera gradual durante el día. Cuando este patrón es alterado —ya sea por estrés crónico, privación de sueño o, como veremos, por la ingesta de cafeína— pueden surgir consecuencias relevantes para la salud. El mecanismo: cómo la cafeína activa la producción de cortisol El camino por el que la cafeína estimula la secreción de cortisol involucra varios niveles del sistema nervioso y endocrino. 1. El bloqueo de los receptores de adenosina La cafeína ejerce sus efectos fisiológicos principalmente mediante el bloqueo competitivo de los receptores de adenosina, en especial los subtipos A1 y A2A. La adenosina es un neurotransmisor inhibidor que, en condiciones normales, promueve la relajación y el sueño al reducir la actividad neuronal. Al bloquearse estos receptores, la actividad neuronal se incrementa, lo que aumenta la liberación de catecolaminas como la dopamina y la norepinefrina. Esta cascada es importante porque la norepinefrina estimula directamente las glándulas suprarrenales para que produzcan más cortisol, contribuyendo así a la respuesta del organismo de tipo “lucha o huida”. 2. Activación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHS) Según investigación publicada en Psychoneuroendocrinology e indexada en PMC del NIH, la cafeína activa el eje HHS a través de acciones antagonistas centrales en los receptores de adenosina que regulan el núcleo paraventricular del hipotálamo. Esta estructura, al ser estimulada, libera el factor liberador de corticotropina (CRF), que a su vez ordena a la hipófisis secretar la hormona adrenocorticotropa (ACTH), la cual finalmente estimula las glándulas suprarrenales para producir cortisol. La evidencia experimental en animales respalda este modelo: el bloqueo de la liberación de CRF suprime completamente la respuesta endocrina inducida por cafeína in vivo. La evidencia clínica: estudios en humanos Varios ensayos clínicos controlados han documentado de manera rigurosa el efecto del café y la cafeína sobre los niveles de cortisol en poblaciones humanas sanas. El estudio de Lovallo et al. (2006) — Psychosomatic Medicine Uno de los trabajos más citados en este campo, publicado en Psychosomatic Medicine (PubMed PMID: 16204431), incluyó a 96 adultos sanos en un diseño doble ciego, cruzado y aleatorizado. Los participantes fueron asignados a recibir dosis de cafeína equivalentes a 0 mg, 300 mg o 600 mg diarios durante cinco días, seguidas de dosis de desafío de 250 mg en momentos específicos del día. Los resultados fueron contundentes: tras cinco días de abstinencia de cafeína, las dosis de desafío provocaron un incremento robusto de cortisol a lo largo del día (p < 0.0001). Incluso en los grupos que consumían cafeína regularmente, la elevación de cortisol durante las horas de la tarde persistió, aunque atenuada, lo que indica que la tolerancia a este efecto es parcial, pero no total. La conclusión del estudio fue que las respuestas de cortisol a la cafeína se reducen, pero no se eliminan, en adultos jóvenes que la consumen de manera habitual. Lovallo et al. (2006) — Estrés mental, ejercicio y cortisol Publicado en Pharmacology, Biochemistry and Behavior (PMC2249754), este ensayo evaluó los niveles de cortisol en 96 voluntarios sanos bajo condiciones de estrés mental y ejercicio físico, combinadas con la ingesta de cafeína (250 mg × 3 dosis) en un protocolo doble ciego con placebo. Los hallazgos revelaron que la cafeína actuó en conjunto con el estrés mental para incrementar aún más los niveles de cortisol (p = 0.011). Más revelador aún fue el dato de que las dosis repetidas de cafeína elevaron los niveles de cortisol a lo largo del día independientemente del sexo del sujeto o del tipo de estresor empleado (p < 0.00001), demostrando la robustez y generalización de este efecto. Revisión comparativa de 15 estudios — ECEESPE 2025 Una revisión sistemática presentada en el Joint Congress of ESPE and ESE (2025), que analizó 15 estudios con aproximadamente 3,600 participantes en total, comparó la respuesta de cortisol ante distintas bebidas con cafeína. Los resultados confirmaron que el café fue la bebida con el mayor incremento de cortisol, llegando hasta un 50% por encima del nivel basal, frente al 30% de las bebidas energéticas y el 20% del té. Esta diferencia se atribuyó, en parte, a la mayor concentración de cafeína en el café (80–120 mg por taza de 240 ml), pero también a la presencia de compuestos bioactivos como los polifenoles y los ácidos clorogénicos, que potencian la absorción de la cafeína y contribuyen a las respuestas metabólicas observadas. El té, por contraste, contiene L-teanina, un aminoácido con propiedades relajantes que atenúa la respuesta adrenal a la cafeína. Estudio en atletas — Nutrients (2024) Un estudio publicado en la revista Nutrients (MDPI, 2024) con 15 futbolistas masculinos en un diseño contrabalanceado y aleatorizado midió directamente los niveles séricos de cortisol mediante el método ELISA tras la ingesta de café con cafeína, café descafeinado, cafeína en cápsula y placebo. Los resultados indicaron que el café cafeinado y la cafeína en polvo produjeron los niveles más altos de cortisol en comparación con el placebo, reforzando que la cafeína es el agente activo principal, aunque los compuestos propios